El mundo todavía no está inmerso en una crisis alimentaria, pero la acumulación de factores adversos empieza a dibujar un escenario preocupante para finales de este año y comienzos de 2027. Máximo Torero, economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), advierte de que el progresivo encarecimiento de los productos agrícolas y de los insumos necesarios para producirlos está reduciendo considerablemente el margen de resistencia del sistema. “Estamos caminando hacia una crisis alimentaria por este incremento sistemático que yo no había visto antes”, aseguró durante una entrevista en Claves del día.
Uno de los principales riesgos es la evolución de El Niño. Las previsiones apuntan a un episodio de gran intensidad, potencialmente comparable al registrado en 1983. El fenómeno se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico central y oriental se calientan por encima de lo habitual y puede modificar los patrones de precipitaciones en numerosas regiones del planeta. “Si llega un Niño del 83, la situación sí puede ser grave”, advirtió Torero, especialmente si las sequías, inundaciones y temperaturas extremas terminan afectando simultáneamente a grandes países exportadores de cereales y otros alimentos.
Estamos caminando hacia una crisis alimentaria por este incremento sistemático que yo no había visto antes”
Las primeras señales preocupantes ya aparecen en algunos de los principales mercados agrícolas. Torero explicó que “ya hay un deterioro, sobre todo en arroz y en trigo”, con problemas potenciales en Australia, India, Estados Unidos y Brasil. Especial atención merece India, uno de los grandes exportadores mundiales de arroz, donde el retraso de las lluvias puede perjudicar las cosechas. El impacto global dependerá, sin embargo, de la intensidad final de El Niño y de si sus efectos alcanzan a los grandes exportadores e importadores: “Si la intensidad se vuelve la de 1983 y afecta a los países grandes exportadores, sí vamos a tener una situación bastante crítica”.
El problema es que el fenómeno climático llega cuando la agricultura ya soporta una importante presión por otros frentes. El aumento del precio de fertilizantes, energía y combustibles está llevando a los agricultores a utilizar menos insumos, mientras los costes del transporte dificultan que el comercio internacional pueda compensar las malas cosechas de unas regiones con la producción de otras. “Cualquier exceso de temperaturas o exceso de aguas nos puede llevar a una situación bastante más crítica”, señaló Torero. A ello se suman las restricciones de las exportaciones del mar Negro, las tensiones en el estrecho de Ormuz y unos costes comerciales que, según explicó, se han incrementado alrededor de un 35%.
El consumidor también acabará percibiendo esta presión. Torero considera que el encarecimiento de las materias primas agrícolas terminará trasladándose a productos cotidianos: “Ese incremento ya se va a ver reflejado a fin de este año en el precio de los alimentos. Estamos hablando del precio del pan, del precio de la pasta”. Europa tampoco permanece al margen. Las elevadas temperaturas ya han afectado a cultivos como el maíz en Francia, el trigo y otros cereales en Alemania o la patata en Bélgica. Aunque Torero evita hacer una previsión concreta de precios —“si pudiera predecir los precios, estaría viviendo en un palacio”, bromeó—, sí advierte de que podría alcanzarse “una inflación alimentaria bastante alta” si coinciden los diferentes factores de riesgo.
El escenario más delicado se situaría entre finales de 2026 y comienzos de 2027. La existencia todavía de reservas y algunas buenas cosechas permite contener la situación, pero Torero advierte de que ese colchón puede ir agotándose. “Hoy en día yo no te puedo decir que hay una crisis alimentaria”, precisó, antes de añadir que la combinación de costes crecientes, menores márgenes para los productores y un episodio climático extremo “sí podría llevar a una situación de crisis alimentaria a finales de año o comienzos del próximo”. La agricultura, resumió gráficamente, está llevando su “elástico de resiliencia” prácticamente al límite.
Podría llevar a una situación de crisis alimentaria a finales de año o comienzos del próximo”
Ante este riesgo, la FAO apuesta por anticiparse a los efectos de El Niño en lugar de esperar a que las cosechas resulten dañadas. Junto al Programa Mundial de Alimentos, trabaja ya en alrededor de 15 países especialmente expuestos, preparando sistemas de irrigación, limpiando cauces ante posibles inundaciones y proporcionando semillas más resistentes. El objetivo es evitar que un episodio meteorológico puntual tenga consecuencias durante años. “Cuanto mejor preparados estemos, creo que va a ayudar a minimizar ese impacto”, defendió Torero. Porque la diferencia, explicó, puede estar en que los daños afecten únicamente a una cosecha o terminen comprometiendo la producción durante “tres años”.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.