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Relaciones El nuevo lenguaje del amor

La tiranía del móvil, también para ligar: la generación Z necesita comunicación constante

Antes del smartphone, si dos personas se conocían y se gustaban, acordaban una segunda cita; entre tanto, hablaban por teléfono o simplemente esperaban a verse de nuevo. Esto ya es impensable para los jóvenes...

La tiranía del móvil, también para ligar: la generación Z necesita comunicación constante
La imagen de parejas de jóvenes intimando es cada vez menos común; hoy en día el contacto físico se sustituye por el virtual Mané Espinosa
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Actualizado hace 61 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01Emails de trabajo, chats con la familia, grupos de amigos que organizan viajes, cumpleaños, encuentros.
  • 02A ese mejunje de interacciones que obligan a mirar la pantalla del móvil se suma, especialmente para los jóvenes, otra atadura al mundo digital: mantener activa una conversación permanentemente estimulante, que desprenda suficiente carisma y encanto, para seducir a —o mostrar interés por— la persona a la que se quiere uno acercar.
  • 03Ligar en estos tiempos, para muchos, supone un tipo más de esclavitud virtual.
  • 04Cuando este madrileño está conociendo a alguien —en su caso, a otros hombres— le resulta muy importante chatear a menudo con ellos.

Emails de trabajo, chats con la familia, grupos de amigos que organizan viajes, cumpleaños, encuentros. A ese mejunje de interacciones que obligan a mirar la pantalla del móvil se suma, especialmente para los jóvenes, otra atadura al mundo digital: mantener activa una conversación permanentemente estimulante, que desprenda suficiente carisma y encanto, para seducir a —o mostrar interés por— la persona a la que se quiere uno acercar. Ligar en estos tiempos, para muchos, supone un tipo más de esclavitud virtual.

Así lo vive Marcos (24 años). Cuando este madrileño está conociendo a alguien —en su caso, a otros hombres— le resulta muy importante chatear a menudo con ellos. Hablar con el chico que le gusta de manera frecuente le permite evaluar el grado de interés que tiene el uno en el otro, dice. “Es cierto que no siempre se puede contestar y que debemos respetar el espacio de la gente, pero cierta continuidad me genera confianza y me ayuda a tener más ganas de conocerlo”, afirma a La Vanguardia. Mantener viva la conversación le sirve además para saber si el otro también le encaja: “Se puede conocer mucho de una persona por la forma en la que escribe y la frecuencia con la que lo hace”.

Chatear con frecuencia se interpreta como señal de deseo; no hacerlo genera ansiedad El lenguaje del amor

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Los jóvenes identifican la conversación constante como una muestra de interés por parte de la persona con la que flirtean o empiezan a salir.
Los jóvenes identifican la conversación constante como una muestra de interés por parte de la persona con la que flirtean o empiezan a salir.Xavier Cervera / Propias

Los datos señalan que la mayoría de jóvenes —en particular, la generación Z— identifica la conversación constante como una de las principales muestras interés por parte de la persona con la que flirtean o empiezan a salir. Lo refleja, por ejemplo, un informe que acaba de publicar la app de citas Hinge, y que ha elaborado a partir de encuestas, centrándose en la comunidad LGTBQIA+ joven pero entrevistando también a usuarios heterosexuales. El equipo de investigadores y científicos expertos en comportamiento que constituyen Hinge Lab habló con más de 31.000 jóvenes de todo el mundo. Un 86% de los participantes no heterosexuales afirmó necesitar hablar consistentemente con la persona que les gusta para sentir menos ansiedad, mientras que la mayor parte de los heterosexuales (un 81% de las mujeres y un 68% de los hombres) remarcó la comunicación fuera de las citas como señal de deseo en la otra persona. Es “el lenguaje del amor” de la generación Z, concluyen desde Hinge.

La percepción de la psicóloga Lara Ferreiro, especialista en adicción emocional, autoestima, pareja y desarrollo personal para la mujer, respalda estos datos. Ella observa, particularmente entre los menores de 30, cada vez más ansiedad cuando la persona que les gusta no fomenta la conversación por chat. “Para muchos, un WhatsApp sin responder durante varias horas puede generar más ansiedad que una discusión cara a cara”, explica la experta, que lo achaca a la “cultura de la disponibilidad permanente” que han favorecido las redes sociales y las apps de mensajería.

“Desde la psicología observamos también un aumento del llamado “síndrome del doble check”, donde la persona no solo espera una respuesta, sino que interpreta señales como la última conexión, si el mensaje ha sido leído o si la otra persona está activa en redes sociales. Esto favorece conductas de hipervigilancia emocional y pensamientos obsesivos”, precisa Ferreiro.

Hace tres décadas, tiempos anteriores a la mensajería instantánea, una persona podía conocer a otra; si se gustaban, acordar un segundo encuentro y, entre citas, llamarse por teléfono o simplemente esperar a verse de nuevo para hablar. Eso sería impensable para muchos jóvenes nacidos en los dosmiles o finales de los noventa.

Para muchos, un WhatsApp sin responder durante varias horas puede generar más ansiedad que una discusión cara a cara
Si una persona no escribe, si no aviva o no participa de la conversación virtual, los Z lo leen como falta de interés, y les produce inseguridad, ansiedad, frustración
Si una persona no escribe, si no aviva o no participa de la conversación virtual, los Z lo leen como falta de interés, y les produce inseguridad, ansiedad, frustraciónMarti Gelabert

Si una persona no escribe, si no aviva o no participa de la conversación virtual, los Z lo leen como falta de interés, y les produce inseguridad, ansiedad, frustración. “Si te gusta alguien más despegado creo que tienes que mentalizarte de que no vas a estar satisfecho con la frecuencia de sus respuestas y tolerar la frustración que te genera”, apunta Marcos.

Al otro lado de esta expectativa, Luisa, una estudiante madrileña de 21 años, señala sentirse presionada por tener una conversación permanente, una exigencia que le parece excesiva. “Estamos en un mundo de dependencia en el que parece que haga lo que haga tengo que contestar al teléfono. Es una necesidad que no es sana, porque al final tú no estás todo el día con el móvil y, si lo estás, tienes un problema”, argumenta. Sin embargo, si el chico que le gusta no chatea con ella, esta joven también lo identifica como falta de interés, y por tanto pierde las ganas de seguir conociéndole.

Parece que haga lo que haga tengo que contestar. Es una necesidad que no es sana, porque no estás todo el día con el móvil y, si lo estás, tienes un problema

Lo mismo le pasaría a Marina, una menorquina de 22 años residente en Barcelona. Ella sostiene que, aunque a alguien no le guste hablar online, si el otro le gusta, lo hace “para quedar bien”. Es parte ya de los códigos sociales que fuerzan conversaciones rutinarias: preguntar todos los días qué tal está el otro, qué ha hecho, sacar temas nuevos, bromear, intentar conocer a la otra persona con mensajes y de manera sostenida. Evitar a toda costa que decaiga la conversación. Para Marina, esto deriva en charlas “poco profundas y de relleno” que no le interesan. Aun así, ella suele responder rápido y no le importa estar pendiente cuando alguien le gusta mucho.

La conexión constante se ha convertido, según Ferreiro, en un “termómetro emocional” para muchos jóvenes: “Interpretan erróneamente que si alguien tarda en contestar significa que ha perdido interés, cuando en realidad puede estar trabajando, estudiando o simplemente necesitando espacio personal. El problema es que el silencio digital suele llenarse con pensamientos negativos, inseguridades y miedo al rechazo”, agrega. Y esto, a su juicio, tiene mucho que ver con la intolerancia a la incertidumbre: “Las nuevas generaciones han crecido en un entorno donde casi todo es inmediato y, por tanto, esperar una respuesta puede convertirse en una fuente importante de malestar. Lo que antes se resolvía en horas o días, ahora genera ansiedad en cuestión de minutos”.

Combatir este tipo de tiranía del móvil

María (21 años) reconoce su propia contradicción: como le ocurre a la gente de su entorno, lee como ausencia de interés que la persona que le gusta no mantenga la conversación por chat activa o tarde en contestar, algo que aunque racionalmente puede refutar, tiene ya “muy interiorizado”; al mismo tiempo, siente “pereza” a la hora de contestar y estar pendiente del móvil, incluso cuando la persona con la que habla le interesa. Pero al final es más poderosa la inseguridad, dice, “el miedo al abandono”.

El problema de convertir la tecnología en la principal fuente de seguridad afectiva es, para Ferreiro, que “la persona acaba dependiendo de estímulos externos para sentirse tranquila, querida o validada”. Y una consecuencia es el aumento de la ansiedad. “Hay estudios que muestran que los jóvenes que revisan compulsivamente el móvil o las redes sociales presentan niveles significativamente más altos de ansiedad y estrés. Cuando el bienestar emocional depende de una respuesta, un mensaje o una notificación, la tranquilidad se vuelve muy frágil porque está en manos de otra persona”.

Para gestionarlo de otra manera, y evitar caer en la imposición del chat perpetuo, la experta sugiere hablar abiertamente sobre las expectativas de comunicación y combatir la incertidumbre con frases como “durante la mañana trabajo y suelo responder más tarde, pero eso no significa que no me intereses”. También, propone hacer el esfuerzo de diferenciar interés de disponibilidad, entrenar la tolerancia a la incertidumbre, potenciar la vida online y autonomía emocional, y apostar por la calidad en lugar de la cantidad. “Una llamada de diez minutos con atención plena puede fortalecer más el vínculo que cien mensajes enviados de forma automática. Además, favorece la intimidad emocional, que es uno de los principales predictores de estabilidad en las relaciones”, precisa.

MM
Marta Montojo Torrente
Relaciones

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.