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Tacones, maquillaje y vestidos 'de boda': las graduaciones escolares a la americana se imponen en España

Con las celebraciones de final de etapa, que ya se hacen hasta en infantil, se corre el riesgo de adultizar, sexualizar y generar en un excesivo consumismo, advierten psicólogos y sociólogos

Tacones, maquillaje y vestidos 'de boda': las graduaciones escolares a la americana se imponen en España
Una joven probándose un vestido de fiestaGetty Images
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Actualizado hace 15 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Fotos, birrete, cena y DJ hasta la una de la madrugada para chicos y chicas de 6º de primaria (11-12 años) y vestido largo, tacones y muchos globos para los posts en redes en la graduación de secundaria (16).
  • 02Las próximas semanas, las calles de muchas ciudades se llenarán de jóvenes vestidos con sus mejores galas- en muchos casos compradas para una única ocasión- para asistir a la graduación de final de etapa.
  • 03Este modelo de fiesta, importada del llamado prom  de instituto de Estados Unidos, está ganando fuerza en España.
  • 04Tanto, que ya se hacen graduaciones con birrete en la etapa infantil.

Fotos, birrete, cena y DJ hasta la una de la madrugada para chicos y chicas de 6º de primaria (11-12 años) y vestido largo, tacones y muchos globos para los posts en redes en la graduación de secundaria (16). Las próximas semanas, las calles de muchas ciudades se llenarán de jóvenes vestidos con sus mejores galas- en muchos casos compradas para una única ocasión- para asistir a la graduación de final de etapa. Este modelo de fiesta, importada del llamado prom de instituto de Estados Unidos, está ganando fuerza en España. Tanto, que ya se hacen graduaciones con birrete en la etapa infantil. El resultado en muchos casos son chicas de corta edad vestidas como si asistieran a una boda y birretes y globos que padres compran en masa en empresas low cost online. Los expertos aconsejan no banalizar con el concepto graduación -que no siempre es el término más adecuado- y meditar bien la celebración para que se ajuste a la edad, no adultice a los homenajeados y no se convierta en una “fiesta del consumismo”.

Varias jóvenes ante un establecimiento enfocado a vestidos de fiesta
Varias jóvenes ante un establecimiento enfocado a vestidos de fiestaMane Espinosa

Hace apenas unos días, una conocida marca de ropa de chicas enfocada a graduaciones y ceremonias registraba en su local de Barcelona colas de jóvenes acompañadas con sus madres que esperaban durante horas para poder adquirir un vestido para la fiesta de final de curso. Son las rezagadas de unos festejos que se planifican con meses de antelación. En muchas escuelas e institutos el ritmo de trabajo estos días es intenso para cerrar el curso y también para dejar a punto las fiestas de graduación, que ya alcanzan hasta la educación infantil. En la preparación participan las familias y en muchas ocasiones surge el conflicto de cómo se va a hacer la fiesta y qué nombre se le va a poner. ¿Debe llamarse graduación o por el contrario es más oportuno bautizarla como fiesta de final de curso? ¿Qué elementos debe tener esa celebración? ¿Se va a tener en cuenta la opinión real de los chicos?

“Si no hay imagen, posado y exhibición, el acto parece que no ha existido”

En un instituto público de un barrio de Barcelona las familias hace días que trabajan para la fiesta de graduación de secundaria. Al acto propio que haga el centro educativo sumarán un pica a pica que traerán de casa y muchos globos. “Los chicos pidieron decoración y globos… supongo que para hacerse fotos”, cuenta la madre de una de las estudiantes. La chica tiene 15 años y aún no ha acabado de decidir el vestido que se pondrá. Se debate entre algunos, pero aún no lo ha comprado. Lo que es seguro es que irá con vestido, “como todas”, reconoce la madre, se pondrá tacones y se peinará de peluquería. Entre vestido y zapatos, el atuendo costará algo más de 100 euros, calcula. “Van todas a las mismas tiendas y se compran vestidos prácticamente iguales, solo cambian los colores”, confiesa esta madre. Reconoce que este tipo de celebraciones “te genera la duda de hasta qué punto es necesario” pero por otro lado reflexiona y admite que “tampoco le vas quitar que participe”.

Los expertos denuncian la adultizacón, sexualización y consumismo que promueven estas fiestas Chicos convertidos en adultos

Las fiestas de graduación de secundaria y bachillerato son las que viven más una verdadera puesta de la largo al estilo americano, pero empiezan también a despuntar las de algunos centros que acaban la etapa de primaria. En una escuela del Vallès Oriental, por ejemplo, el chat del grupo de padres -como el de otros tantos- echa humo estos días con los preparativos. La graduación se hará un sábado de mediados de junio. Los chicos, de entre 11 y 12 años, entrarán a la escuela por un pasillo musical. Habrá fotos, globos, parlamentos y, a partir de las diez de la noche, un DJ amenizará la velada hasta la una de la madrugada.

Un grado más abajo, en otra escuela pública de la capital catalana, los padres de I5 ya se han organizado para comprar en una tienda online de bajo coste los birretes que se les entregaran en el sencillo acto pensado exclusivamente para ellos.

Graduaciones de instituto a la americana
Graduaciones de instituto a la americanaOtras Fuentes

“Estas graduaciones se acaban convirtiendo en un escenario de consumo usando los códigos de los adultos”, avisa el doctor Víctor Soler Penadés, profesor e investigador del Departamento de Sociología y Antropología Social de la Universidad de Valencia. Soler Penadés lamenta que “la forma se impone al contenido” y ello “es lo peligro porque esto también educa”. No le desagrada la fiesta como una “creación colectiva”, pero considera importante centrarse en el cierre simbólico de la etapa porque el alumno recibe un reconocimiento de lo vivido. “Se aborda la cohesión, la memoria compartida y también el reconocimiento emocional”, destaca. También es bueno si sirve para reforzar la autoestima y darle valor a la etapa que acaba. Pero recuerda que hay que tener en cuenta que la celebración “es para los chicos”.

“Van todas a las mismas tiendas y se compran vestidos prácticamente iguales, solo cambian los colores”

Para el psicólogo clínico José Ramón Ubieto esta necesidad de celebrar y marcar finales de etapa desde tan pronto es un ejemplo más del “borrado de la infancia” porque lamenta que cada vez más se ve como una “perdida de tiempo” cuyo paso hay que “acelerar”. Se pregunta qué cambia la vida de un niño de los 5 a los 6 años “y si me apuras, de los 15 a los 16”. Y lamenta que este borrado de la infancia ya está teniendo impacto en los niños que, a muy cortas edades ya piensan demasiado en el futuro porque es lo que les trasladan sus padres.

Para Ubieto usar la palabra graduación es un “error”. Y va más allá: “Habría que prohibirla por ley”. Cree más conveniente bautizar estas citas como “encuentros” o “despedidas de curso”. Porque cree además que con tantas graduaciones sino hablaríamos de “hipergraduados” o “graduados de 5ª generación”.

El rito de paso de la graduación Concepto devaluado

Ubieto explica que el concepto de graduación es un rito de paso que tiene su origen en las universidades medievales. “Su función era marcar la transición entre el estudiante y el mundo adulto”, explica. Ahora, sin embargo, hay graduaciones en la escuela infantil, en el paso de infantil a primaria y en todas las etapas de cambio por lo que considera que este “rito de paso se ha ido devaluando”. Ve “absurdo” el uso y abuso de un término, graduación, que considera que debería quedar reservado a momentos muy puntuales.

Desde prinicipios de año muchas chcias empiezan a buscar su vestido de graduación
Desde prinicipios de año muchas chcias empiezan a buscar su vestido de graduaciónMané Espinosa

Para la psicóloga y profesora de la UOC Sylvie Pérez se puede hablar de graduación cuando se obtiene un grado, es decir, al final de la ESO o cuando acaban la universidad. Descartando que todo el resto de celebraciones deban llevar ese título, reconoce que en las diferentes etapas educativas hay una serie de momentos que “si los ritualizamos nos ayudan a transitar el cambio”. Y considera fundamental prepararlo dentro de las escuelas.

Pérez lamenta que las puestas en escena cada vez más grandilocuentes son un reflejo del estilo de vida actual en el que “si no hay imagen, posado y exhibición, el acto parece que no ha existido”. Con una clara influencia de las redes sociales. Y considera que potenciar celebraciones así “les hace entrar en un mundo que aún no les toca”. Pérez señala la incongruencia de no querer que los hijos tengan redes pero luego “les montamos una fiesta del mundo adulto” en lugar de una pensada para chicos y chicas de 12 o 16 años. Porque la “presión estética y la espectacularización” que considera que normalmente inunda estas graduaciones tira por tierra el discurso de quererlos proteger. Además, tiene serias dudas de si estas fiestas se acaban haciendo más para los padres que para los hijos. “A veces parece que sean los adultos los que necesiten ser acompañados”, ironiza.

La forma se impone al contenido y es lo peligro porque esto también educa”

Muchas de estas graduaciones, al más puro estilo americano, acaban empujando a los jóvenes, especialmente a ellas, a claudicar en unos código de vestimenta que a menudo las sexualiza e introduce presión estética. En las graduaciones de primaria hay niñas que ya empiezan a mirar con más detalle lo que se van a poner, pero en las de secundaria el perfil se uniformiza y cuesta encontrar chicas que no acaben llevando vestido, en muchas ocasiones con un estilo parecido al que podría usar una mujer en una boda. Juan Ramón Ubieto denuncia la hipersexualización y reflexiona sobre el sentido tiene que una chica de 15 años vaya vestida de cóctel como si tuviera 30 ¿Qué se espera de ella? se pregunta. “Es un borrado de la infancia”, insiste.

Algunas de las marcas que comercializan vestidos de graduaciones ya han visto el filón y, aunque el público mayoritario son chicas de 16 en adelante, ya han empezado a preparar ediciones teen para chicas más jóvenes.

Todas las chicas acaban en las mismas páginas web y se envían los modelos estre ellas para no repetir, lamenta la psicóloga Cristina Cuadrillero, creadora del blog de Instagram @miadolescenteyyo . En cambio, cuando alguien -chica o chico- decide desmarcarse de esto y aparece con su estilo propio “a veces es tratado como un friki”.

Mucha de la decoración o los birretes que adornaran las fiestas acaban siendo comprados en grandes empresas online a precios reducidos. Algo que evidencia para Cuadrillero el “consumismo” que se promueve en estas fiestas cuando son decoraciones que podrían hacer los propios alumnos. Lamenta que “no les hacemos participar más que del consumismo”.

Porque los expertos consultados lamentan además que estas fiestas acaban siendo pensadas más para los adultos que para los niños o adolescentes. Juan Ramón Ubieto reconoce que es lógico que los padres quieran celebrar y sentirse “orgullosos de los logros de sus hijos” pero recuerda que hay que evitar caer en la “fiesta de la cosificación” y señala que existen alternativas para hacer celebarciones que permitan la participación de todo el mundo y que dejen atrás el narcisismo y la óptica adulta. En muchos casos son los grupos de whatsapp los que canalizan toda esta organización que a Cuadrillero le “horroriza” porque considera que a veces crea conflictos ya que siempre hay algún miembro que “crea necesidades” que en realidad no tienen los alumnos. A la psicóloga le preocupa la adultización, el consumismo y la comparación que se acaba produciendo en muchas de estas celebraciones. Porque lamenta que “toda la pompa va mucho más allá”. Para esta psicóloga experta en adolescencia estos actos deberían ser un momento de motivación y no pasarse medio curso pensando en qué ropa se van a poner.

Soler Penadés apunta que a veces los padres organizan una celebración más “vistosa” como demostración de que los quieren. Lamenta que en lugar de poner el foco en el sentido educativo se ponga en la puesta en escena: el photocall. Y advierte de los peligros de proyectar sobre la infancia expectativas adultas.

Lorena Ferro
Lorena Ferro
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Nacida en Barcelona (1978), trabaja en La Vanguardia desde julio de 2009. Ha pasado por la Hemeroteca Digital y los departamentos de Producción Propia y Última Hora, en la edición digital. Ahora en la sección de Sociedad

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.