La preocupación de los jóvenes españoles por el cambio climático se desploma: ¿Resignación, policrisis o desinformación?
Las personas de entre 16 y 24 años, que en 2019 eran los más preocupados por el cambio climático, son ahora los que muestran una caída más abrupta: los hombres pasan del 68% al 27%, y las mujeres, del 74% al 35%
El porcentaje de jóvenes muy preocupados por el cambio climático ha caído abruptamente en los último añosÀlex Garcia / Propias
01España se preocupa menos por el cambio climático que hace seis años.
02En 2019, dos de cada tres personas -el 67%- lo consideraban un gran problema y afirmaban que les preocupaba mucho.
03En la última medición, esta proporción se sitúa en cuatro de cada diez -42%-, lo que supone una caída de 25 puntos en el grado preocupación más intenso.
04El dato se recoge en la séptima edición  del estudio anual  El consumo sostenible y los productos certificados, presentado por ClicKoala y el Grupo de Investigación en Psicología Ambiental de la Universidad de Castilla-La Mancha.
España se preocupa menos por el cambio climático que hace seis años. En 2019, dos de cada tres personas -el 67%- lo consideraban un gran problema y afirmaban que les preocupaba mucho. En la última medición, esta proporción se sitúa en cuatro de cada diez -42%-, lo que supone una caída de 25 puntos en el grado preocupación más intenso.
El dato se recoge en la séptima edición del estudio anual El consumo sostenible y los productos certificados, presentado por ClicKoala y el Grupo de Investigación en Psicología Ambiental de la Universidad de Castilla-La Mancha. El análisis se basa en 2.000 entrevistas a población española y da continuidad a una serie iniciada en 2019, que acumula ya más de 16.000 personas encuestadas.
En un contexto de crisis acumuladas, el reto no es solo recordar la gravedad del problema, sino mostrar que actuar todavía tiene sentido
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El descenso dibuja una marcada brecha generacional. Los jóvenes, que en 2019 figuraban entre los perfiles más preocupados por el cambio climático, son ahora los que muestran una caída más abrupta: los hombres de 16 a 24 años pasan del 68% al 27%, y las mujeres, del 74% al 35%. Entre los mayores de 65 años, en cambio, la preocupación resiste mucho más.
Los jóvenes son los que muestran una caída más abrupta
“No es que el cambio climático haya dejado de importar; es que la preocupación se está desgastando. La alarma climática puede despertar conciencia, pero cuando se repite sin mostrar salidas claras, comprensibles y alcanzables, corre el riesgo de convertirse en cansancio, distancia o impotencia. En un contexto de crisis acumuladas, incertidumbre económica y sobreexposición informativa, el reto no es solo recordar la gravedad del problema, sino mostrar que actuar todavía tiene sentido”, señala Xavier Moraño, director de la investigación.
Desde la lupa científica, esta desconexión de los jóvenes con la crisis climática es paradójica. Se trata de una generación que sufrirá una exposición a fenómenos climáticos extremos a lo largo de sus vidas mucho mayor al de generaciones pasadas, incluso si se consigue limitar el calentamiento global por debajo de los 2ºC, una línea roja según los expertos.
Pero como explica Moraño, la preocupación por el cambio climático tiene un “fuerte grado emocional”, además de competir con “muchas otras problemáticas”. En muchos jóvenes, agrega este investigador, “la sostenibilidad no desaparece, pero pierde centralidad”. “Algunos mantienen hábitos responsables de forma más moderada; en otros casos, la menor conexión emocional con el problema se traduce en distancia, baja implicación o desconexión”, subraya.
Para Álex Fernández Muerza, periodista científico y ambiental español y profesor de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), la policrisis es un factor determinante a la hora de analizar esta estadística. “Es cierto que diversos estudios señalan el descenso de la prioridad de la preocupación por el cambio climático entre las y los jóvenes, y en la sociedad en general. Sin embargo, varios estudios también indican que el conocimiento y la preocupación por el cambio climático siguen ahí, solo que han sido desbordados por otros “malos climas” como las guerras, la inestabilidad política, económica y social, la vivienda, la sanidad, el empleo. Problemas que se perciben como tangibles e inminentes y que por tanto acaparan la atención”, reflexiona.
Las manifestaciones en contra de las políticas contaminantes van a la bajaEFE
Fernández lleva años analizando el conocimiento y la preocupación sobre el cambio climático del estudiantado de la Universidad del País Vasco (EHU). “Conocen bien el problema y les preocupa, echan en falta más información, pero no ven la relación entre votar en unas elecciones y su influencia en las medidas climáticas. Por aquí creo que van algunas de las claves. Hay que seguir comunicando el cambio climático en todas partes - de lo que no se habla no existe -, y hay que hacer ver que nuestras decisiones políticas, económicas, sociales, sí tienen un impacto claro y decisivo para bien, o para mal, en el cambio climático”, analiza.
La autoeficacia
jovenes cambio climatico
Moraño suma otro factor: la resignación. La “sanción de que puedo hacer algo para solucionar el problema” es clave en la lucha climática. “La ansiedad que genera un problema se puede canalizar de dos maneras, con acción e implicancia, sintiendo que se es parte de la solución o con frustración, con la sensación de que el problema nos excede y que no hay nada que hacer”, explica.
Según el estudio, la falta de “autoeficacia” está calando más en los jóvenes que en las generaciones más mayores. Al cabo, no solo importa cuánta gente se preocupa, sino qué ocurre con esa preocupación. Los datos indican que en torno al 12% de la población transforma la ansiedad climática en acción: siente que sus decisiones cuentan y muestra hábitos mucho más sostenibles. Frente a este grupo, alrededor del 20% queda instalado en el bloqueo.
“El problema importa, pero actuar se percibe como difícil, insuficiente o poco eficaz. La diferencia no está en ver o no ver el cambio climático como un problema, sino en sentir que se puede hacer algo frente a él”, insiste Moraño.
Los siete años de esta encuesta, agrega, revelan que “la sostenibilidad funciona mejor cuando conecta con el orgullo, la utilidad y la coherencia personal que cuando se apoya únicamente en la culpa o en la obligación”. Para sostener hábitos responsables, no basta con saber que algo “debe hacerse”: también tiene que sentirse posible, valioso y con impacto.
Por eso, remata, son muy importantes medidas políticas y administrativas que “generan cambios palpables”. “Hay que terminar con las medidas abstractas y complejas que nadie entiende. El comprobar con los propios ojos que las soluciones propuestas funcionan es tan importante como entender el diagnóstico”, afirma Moraño.
El ruido y la desinformación
Pablo Ángel Meira Cartea es profesor titular de Educación Ambiental de la Universidad de Santiago de Compostela, miembro del Grupo de Investigación en Pedagogía Social y Ambiental. Aclara que la idea arraigada de que la evolución de la percepción social del cambio climático va a ir en aumento conforme avanza el calentamiento global y sus impactos es “errónea”. “Hablamos de una representación de la realidad que se va construyendo y cambiando permanentemente”, explica.
La desconexión de mucha gente con la problemática climática se debe, en gran medida, a que “el cambio climático se ha transformado en objeto de guerra cultural”. En esta batalla de narrativas, azuzada por diferentes fuerzas políticas y premiadas por los algoritmos de las redes sociales , las “estrategias negacionistas para sembrar dudas se intensifican a medida que se intensifican los impactos climáticos”.
Un dato no menor, en este sentido, es cómo ha cambiado el consumo de noticias entre los jóvenes. Según el informe del Reuters Institute for the Study of Journalism, realizado en varios países, entre ellos España, los jóvenes están migrando también a las redes sociales para informarse. Hace una década visitaban las webs y las aplicaciones de los medios tradicionales. Ahora, este consumo es marginal.
El 39% de los jóvenes de 18 a 24 años señala que su principal fuente de noticias son redes sociales como TikTok, Instagram y YouTube, superando a las webs y aplicaciones de medios, que caen hasta el 24%.
Según Meira, la caída de la preocupación social por el cambio climático, ratificada por otros sondeos, no evidencia una avance del negacionismo, que ya es bastante residual en España y en Europa, sino “el triunfo de la duda y de la confusión” respecto a sus razones e implicancias.
Los estudios científicos que han analizado el funcionamiento de estos algoritmos coinciden en que las redes sociales están jerarquizando y premiando los contenidos “emocionales, polémicos y llamativos” -componentes claves de los bulos- por sobre los mensajes rigurosos y veraces. “Hay una industria dedicada a propagar odio y desinformar para socavar la democracia. La información climática es un blanco predilecto”, explica Sergio Arce García, profesor de la Universidad Internacional de La Rioja, quien investiga el cruce entre los bulos, el odio y las redes sociales.
El problema, concluye, es que esta “desinformación viralizada” genera dudas y polarización, erosiona la confianza ciudadana y debilita las instituciones democráticas.
Andrés Actis Fernández
Periodista especializado en clima y medio ambiente
Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.