Domingo de verano en Barcelona y el termómetro marca 33 grados. Pese al calor, la cascada del parque de la Ciutadella se convierte en un inesperado escenario de baile. Bajo la mirada de las criaturas fantásticas que adornan el monumento -cuerpos de león, alas y cabezas de águila que parecen lanzar agua al aire-, más de 25 personas, en su mayoría mujeres, se mueven al ritmo de salsa, cumbia, reguetón, pop rock o merengue.
Por momentos, algunas cantan a pleno pulmón fragmentos de Tu amor me hace bien, de Marc Anthony, o Si antes te hubiera conocido, de Karol G. Lo llamativo es que nadie parece llevar la música a todo volumen: todas bailan con cascos inalámbricos. La escena, entre pasos de baile, canciones y sudor, resume una idea cada vez más extendida: bailar no solo puede ser una forma de divertirse, sino también una actividad capaz de activar el cuerpo, despejar la mente y aportar beneficios tanto físicos como emocionales.
Hoy el alumno de baile se comporta cada vez más como el de un gimnasio: entrena de forma regular, combina disciplinas y busca progresión
En España, el baile está dejando de ser una actividad puntual para convertirse en un hábito cada vez más integrado en la vida adulta, aseguran desde la escuela Dance Emotion, que en la última década han multiplicado por 20 su base de alumnos: de 70 en 2013 a más de 1.400 personas semanales, concretamente. En esta escuela el 45% de los alumnos ya entrena más de 10 horas al mes. “Hoy el alumno de baile se comporta cada vez más como el de un gimnasio: entrena de forma regular, combina disciplinas y busca progresión”, detalla Vivian Vera, directora y fundadora de Dance Emotion.
La Escuela Bailongu, con más de 37 años en funcionamiento, también ha notado una evolución en los últimos tiempos. El centro, que empezó enseñando solo bailes de salón, actualmente ofrece más de una veintena de ritmos. “Los bailes de salón han caído y actualmente la bachata y la salsa están siendo muy demandados”, cuenta Jordi Pelegrí, gerente de Bailongu.
Ese mismo interés por las clases de baile se nota en nuevas alternativas surgidas como NRG Studio, que ha sacado las clases a la calle desde hace apenas cuatro años y que propone un sistema de inmersión auditiva “que permite que estés más concentrado en lo que estás haciendo”, dice María Fernanda Fernández, su instructora fitness. Tres veces a la semana se los ve por el Arc de Triomf, donde a veces llega a reunir incluso a más de 100 personas. “Cuando empezamos hicimos una inversión pequeña, de 50 cascos, y ahora ya tenemos más de 250 e incluso ofrecemos la misma actividad en nuestro estudio, que acabamos de inaugurar en Cornella”, cuenta Fernández.
Los beneficios del baile
Puede que bailar no sea literalmente un deporte, pero sí una excelente actividad física con efectos positivos en el cuerpo (tonifica los músculos, puede rebajar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, mejora la fuerza y la resistencia muscular y ayuda a mujeres posmenopáusicas con osteopenia) y en la mente (reduce el estrés, libera endorfinas e incluso ayuda a mejorar las relaciones interpersonales).
Como resume Jordi Pelegrí, “el baile combina movimiento, socialización y estimulación cognitiva. Aprendes figuras, coreografías y ejercitas también la memoria”. “Además- añade- es una forma de desconectar de la rutina, relacionarse y dejar atrás el estrés del día a día”.
Los testimonios de quienes lo practican parecen confirmarlo. “De aquí me voy a trabajar. Mis compañeras siempre me preguntan de dónde saco tanta vitalidad. Y es que esto me reinicia y me da energía”, cuenta una de las bailarinas de las clases de NRG Studio que trabaja como enfermera en una residencia. “La clave está más que todo en venir a disfrutar”, sentencia.
Bailes que están en auge ¡Para sacarle provecho!
Bailar es el nuevo entrenamiento y las razones para probarlo sobran. Según la Escuela de Medicina de Harvard, 30 minutos de baile pueden quemar alrededor de 112 calorías. Pero, ¿cuál encaja mejor con nuestra personalidad? “Lo primero que debemos preguntarnos es si preferimos bailar de manera individual o en pareja”, explica Jordi Pelegrí. “Lo segundo, qué tipo de música, las posibilidades son muy amplias, y luego dejar atrás la vergûenza porque al final acabas aprendiendo, aunque tengas más o menos sentido del ritmo. La clave no es hacerlo perfecto, sino disfrutar del movimiento”, puntualiza Pelegrí.
Cada vez más personas comienzan a bailar entre los 30 y los 60 años buscando bienestar, expresión personal, desconexión y nuevas formas de socializar. Ya no se trata de probar una clase, sino de incorporar el movimiento a la vida. “El alumno ya no viene a probar, viene a integrar el baile en su vida”, explica Vivian Vera.
Estas son algunas de las nuevas tendencias para aprovechar los beneficios del baile:

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.