Durante semanas, Londres creyó entender qué estaba pasando. Era verano de 1854 y el cólera avanzaba por el Soho. Médicos y autoridades municipales coincidían en el diagnóstico: la enfermedad se propagaba por el aire contaminado de las calles estrechas del barrio. Cada día, los muertos se contaban por decenas.
Un médico londinense, John Snow, decidió mirarlo desde otro ángulo. Anotó en su libreta la dirección de todos los fallecidos. Cada fallecido, una marca. Cada casa, un punto. Repitió el gesto durante días. Cuando pasó esas anotaciones a un plano del barrio, el desorden se organizó solo. Los puntos no se repartían al azar. Se acumulaban alrededor de una bomba de agua en Broad Street.
Bastó con retirar la manivela de la bomba de aquella calle para que el brote empezara a remitir. El episodio convirtió el trabajo de Snow en un punto de inflexión: por primera vez, una epidemia se explicaba a partir de la localización sistemática de los casos.
La libreta de John Snow hoy sería una hoja de cálculo. Y su mapa, en lugar de un dibujo a mano, una retahíla de latitudes y longitudes en un mapa interactivo. Ese gesto –reunir información dispersa, ordenarla y analizarla– es, en su esencia, la base del periodismo de datos. Es convertir los números en una historia.
Analizar datos no consiste en encontrar la cifra que brilla, sino en entender cómo se comporta una realidad cuando se la observa en conjunto. El interés no está en el número aislado, sino en su contexto: dónde se repite, dónde se concentra, dónde se sale de lo esperable. Muchas historias no aparecen cuando se mira un caso, sino cuando se colocan muchos casos uno junto a otro y se deja que el patrón –si existe– emerja.
En un mundo radicalmente informatizado, la realidad se archiva en bases de datos. Los números se acumulan más rápido de lo que podemos interpretar. Entrevistar a las bases de datos es una forma de filtrar el ruido y buscar historias.
El periodismo de datos trabaja así: como una entrevista a gran escala, sin libreta ni bolígrafo. En su lugar hay una caja de herramientas casi inabarcable –lenguajes de programación, algoritmos, hojas de cálculo y sistemas de análisis y visualización– que permiten ordenar, cruzar y leer volúmenes de información impensables hace solo unas décadas.
Así, La Vanguardia ha podido contar que Barcelona tiene el kilómetro cuadrado más poblado de Europa, cifrar los miles de millones que el Gobierno destina a defensa y señalar cómo el cambio climático expone 2.000 puntos inundables en la infraestructura pública en España.
John Snow no cambió el curso del brote con una teoría, sino interpretando los datos. Esa misma lógica sigue orientando hoy el periodismo de datos en La Vanguardia .

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.