El karaoke, bastión social para muchos séniors: “Queremos salir de noche, pero en los sitios de jóvenes te miran raro, les choca verte ahí”
Mucho más que un simple entretenimiento, el karaoke impulsa las relaciones interpersonales, favorece el bienestar psicofísico y emocional y conecta a diferentes generaciones
El karaoke es un reducto de ocio para los séniors, especialmente en municipios más pequeños. iStock
01Juana Valenciano y Fernando Rodríguez (60 y 61 años, respectivamente) esperan su turno para coger el micrófono y lanzarse a cantar en el karaoke que todos los fines de semana se improvisa en un bar de Pinto, localidad del sur de Madrid.
02Antes, han estado tomando unos vinos con su grupo de amigos; han picado algo rápido para cenar, y ahora matan el tiempo mientras, junto a ellos, algunos grupos, unas cuantas parejas y algún que otro cliente solitario siguen las actuaciones y deciden qué canción elegir.
03Juana y Fernando llevan dos años acudiendo cada fin de semana al karaoke, pero han pasado semanas sin poder ir.
04El bar cerró por un problema de licencia.
Viernes, 23h. Juana Valenciano y Fernando Rodríguez (60 y 61 años, respectivamente) esperan su turno para coger el micrófono y lanzarse a cantar en el karaoke que todos los fines de semana se improvisa en un bar de Pinto, localidad del sur de Madrid. Antes, han estado tomando unos vinos con su grupo de amigos; han picado algo rápido para cenar, y ahora matan el tiempo mientras, junto a ellos, algunos grupos, unas cuantas parejas y algún que otro cliente solitario siguen las actuaciones y deciden qué canción elegir.
Juana y Fernando llevan dos años acudiendo cada fin de semana al karaoke, pero han pasado semanas sin poder ir. ¿La razón? El bar cerró por un problema de licencia. Aunque, eso sí, lejos de resignarse, los clientes decidieron organizarse y compartir entre sus vecinos, familiares y amigos una petición en Change.org para intentar reabrirlo. El texto era bastante explícito. En él, el karaoke se definía como “el corazón de nuestra comunidad”. Y, sobre todo, detallaba: “Se convirtió en un lugar de encuentro (…) especialmente para aquellos de mayor edad que encontraban (en él) un motivo para salir y disfrutar de su tiempo”.
Contenido para suscriptores
Sigue leyendo con toda la información
Accede al artículo completo, al análisis de nuestros especialistas y a todo el contenido premium de La Vanguardia.
Artículos premium sin límite y sin publicidad intrusiva
Newsletters exclusivas y la edición impresa en PDF
↓ Vista de revisión · contenido bajo el muro (oculto en producción)
No es algo anecdótico ni son desmesurados los términos: es la constatación de una carencia que seguramente condiciona la vida social de muchas personas mayores en entornos como este. Y es que mientras que en las grandes ciudades la oferta cultural y nocturna es amplia —y “no puedes gastarte todos los viernes 50 euros en un Uber”, precisa Juana—, en los municipios medianos las opciones se reducen y rara vez están pensadas para quienes han superado cierta edad.
“En cuestiones de ocio, parece que a partir de los 60 nos entierran. No tenemos dónde ir, a no ser que vayamos a la comida de mayores que organiza el ayuntamiento”, resume, “pero hay gente con 60 que quiere seguir saliendo de noche y quiere seguir divirtiéndose con sus amigos porque tiene todavía mucha vida por delante”. Oferta nocturna hay, claro, pero ambos se encuentran con un obstáculo más, quizás no tan evidente. “En los sitios de jóvenes te miran raro”, añade Fernando. “Como que les choca mucho verte ahí; aquí, en cambio, estás a tu rollo”.
“Cuando descubrimos el karaoke, nos dimos cuenta de que podíamos salir todos los viernes y sábados, como siempre hemos hecho”, comenta Juana. Pero no solo encontraron en su ciudad un sitio al que ir, también “una forma distinta de socializar” frente al discobar de siempre, donde a veces “vas a tomar algo y nadie te dirige la palabra”, insiste Fernando. Además, es un entorno que ayuda a combatir la soledad y funciona como punto de encuentro entre generaciones. “Hay mucha gente que llega sola, pero aquí no se siente sola”, añade Juana.
“Viene muchísima gente joven y se saben canciones de los años 80 y 90; aquí conviven personas de 40, 50 o 60 con chicos de 20, la música los une”, concluye. Una capacidad de conexión que trasciende generaciones… y hasta fronteras. Y es que Fernando recuerda un reciente viaje a Vietnam en el que terminó la noche en un barco cantando en un karaoke con australianos y franceses: “Enseguida haces amigos”, precisa.
Cantar tiene beneficios positivos.Miljan Zivkovic
Seguramente la imagen del karaoke ha estado unida a no pocos prejuicios asociados a lo kitsch; a actuaciones no muy afinadas a última hora de la noche —alimentadas, incluso, por leyendas como la de My Way de Frank Sinatra, vinculada a incidentes violentos en karaokes de Filipinas—; a un ocio algo decadente con unas copas de más cantando Bohemian Rhapsody, o a alguna que otra dinámica no muy afortunada de team building.
Hace un año, Rigoberta Bandini compartió un video en sus redes en el que aparecía cantando ante un grupo de atónitos jubilados extranjeros en un karaoke de Benidorm Ay, mamá, la canción que, en 2022, le hizo saltar a la fama en el festival de esta localidad alicantina. Una estampa, por cierto, muy habitual en muchísimas zonas turísticas costeras de España. Pero en otros países esa imagen que la prensa española calificó de “divertida” forma parte del ocio cotidiano e incluso empiezan a analizarse sus beneficios. Y no solo en Japón (donde nació en 1971 gracias al ingeniero Shigeichi Negishi) o en China, donde los karaokes son cada vez más populares entre personas de mediana y avanzada edad, según el diario Worker's Daily.
‘Livin’ On a Prayer’, ‘I Wanna Dance with Somebody’ o ‘Don’t Look Back in Anger’ son las canciones que generan un efecto de euforia en el karaoke, según un estudio de la Universidad de Oxford
En Gran Bretaña, por ejemplo, el 37% de los adultos afirma que le gusta o le encanta el karaoke, según la empresa internacional de investigación de mercado YouGov. En Alemania, se ha comprobado que iniciativas de cantar en grupo o en el karaoke ayudan a reducir el aislamiento social, como demostró el proyecto Sing mit!, que tuvo lugar hace unos años en Berlín. Y hasta un estudio de un matemático de la Universidad de Oxford, Tom Crawford, ha concluido —científicamente hablando— que canciones como Livin’ On a Prayer, de Bon Jovi, I Wanna Dance with Somebody, de Whitney Houston o Don’t Look Back in Anger, de Oasis, son las que generan un efecto de euforia en el karaoke debido a su ritmo y estructura.
Tanto desde el ámbito de la neurociencia como del envejecimiento activo existe cada vez más evidencia de que la práctica musical, también en formatos como el karaoke, tiene un impacto directo en la salud. Lo explica Patricia L. Sabbatella, musicoterapeuta, pedagoga musical y profesora de la Universidad de Cádiz. “Cantar activa la memoria y la expresión de las emociones, y mejora la salud psicofísica”. Y no son los únicos beneficios. “Trabaja la biomecánica respiratoria, con los consiguientes beneficios que eso tiene para la salud”, prosigue Sabbatella. Y con la edad, además, “la capacidad de articular y de expresión verbal puede verse afectada, y en ese aspecto cantar también ayuda. Además, contribuye al desarrollo de la sensorialidad auditiva, que también se va perdiendo con los años. No se trata tanto de ganar agudeza auditiva, sino de mejorar la atención al sonido”, precisa.
Aunque sí que es cierto que el formato karaoke añade algunas ventajas extra. Por ejemplo, a la hora de elegir la canción, aquella que tiene “la capacidad de conectarte o volverte a vincular con alguna etapa de tu vida en donde esa música ha sido significativa”, apunta esta experta. Un fenómeno que, como recuerda, está ampliamente respaldado por estudios, especialmente en personas mayores o con enfermedades como el parkinson o el alzhéimer, donde la música actúa como un potente estímulo para evocar y sostener recuerdos.
Pero, además de esa conexión íntima con la música de nuestra vida, refuerza una importante dimensión social: “Es importante no perder el contacto interpersonal, cara a cara, no vía móvil o redes sociales, sino en el aquí y ahora con alguien delante”, asegura Sabbatella. Y perder “un poco el sentido del ridículo”, como reconoce Fernando. Y es que, como la experta reconoce, resulta fundamental “no ponerse trabas para seguir disfrutando de lo que te hace feliz” y, sobre todo, no olvidar que “la música nos conecta con la vida”.
Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.